|
Según Pascal, la infelicidad de las personas se debe a que no somos capaces de quedarnos quietos en nuestra habitación, pero es obvio que en muchos casos ocurre justamente lo contrario.
Juan Vico (Los regresos) |
| |
|
La literatura no ha dejado de lado el espíritu nómada. Podemos encontrar numerosas obras narradoras de vidas erráticas. El tópico del homo viator ha estado siempre presente en la literatura, adaptando su sentido a la forma de comprender la vida en cada época. En la modernidad, alcanza una gran trascendencia debido al simbolismo que adoptan los caminos y los laberintos.
Hemos leído y hemos conversado con los autores y autoras de obras que reflexionan sobre errancia, nomadismo, alejamiento, extrañamiento. Lo compilamos ahora en este monográfico. |
| |
|
El arte de vivir a la deriva |
|
La realidad social que vive Occidente, absorbida por el consumismo, la inmediatez y la competencia descarnada ha provocado el parto de personas rutinizadas. Son zombis en un contexto de creciente desigualdad y desorientación. En este desalentador marco, crece el ansia de escapismo, de huida de esa realidad aplanadora, de vivir a la deriva. |
|
|
| |
|
Carla Maliandi: “Todos los personajes parecieran estar un poco corridos del camino” |
|
El ritmo, la cadencia que marca La habitación alemana nos acerca a la extrañeza, al deambular del pensamiento que la narradora de la historia encuentra en su paréntesis en Heidelberg. En su escape, topa con personajes que también están desplazados, descolocados. Hemos hablado con Carla Maliandi, autora de esta novela reeditada ahora en Barrett, sobre extrañeza, huida, distancia, voces, no realidad. |
|
|
| |
|
Juan Vico: “Cuando narras, siempre acabas inventando algo” |
|
El hogar es la otra cara de la moneda del nómada. En esta vida a la deriva, volver parece el destino recurrente: partir para regresar. Dino Campana es este tipo de nómada: una persona disconforme con el mundo, con su origen, pero que de manera necesaria, casi imperiosa, retorna constantemente a su pueblo, a su hogar. Juan Vico, autor de Los regresos, desentraña algunas claves de este libro editado por Galaxia Gutenberg. |
|
|
| |
|
Sergi Bellver: “Sólo soy un nómada en busca de tiempo y de espacio para la escritura” |
|
Hace más de una década, Sergi Bellver emprendió un proyecto nómada con el único fin de escribir. En Blanco móvil (Aguilar), narra esta experiencia, que es ya su vida. Para Bellver, la errancia se ha convertido en una herramienta para la labor creativa, que le ha permitido explorar géneros literarios y, sobre todo, contar historias. Hablamos en Itinerancias con el autor de Agua dura, Gavia, Variaciones sobre Budapest o Del silencio. |
|
|
| |
|
Juan Trejo: “Somos nosotros quienes tenemos que elaborar un discurso” |
|
Los espacios, sobre todo los interiores; el discurso que construimos y nos construye; el sentimiento de pérdida del yo a través de la desvinculación social; las carencias, esos huecos afectivos, son conceptos recurrentes en los libros de Juan Trejo. Nela, su novela más reciente, es una indagación, una exploración, un tema, el de la búsqueda, que también abordó en libros previos. En este espacio, nos comparte sus impresiones sobre su libro más errante, La otra parte del mundo. |
|
|
| |
|
Jordi Esteva: “Me interesa el viaje iniciático, el que te transforma” |
|
Jordi Esteva es un descubridor de relatos olvidados que resuenan en el interior de personas de pueblos remotos a nuestra cultura. Durante años, viajó y regresó a lugares que después nos narró con imágenes, textos, películas. En El impulso nómada y Viaje a un mundo olvidado, publicados recientemente por Galaxia Gutenberg, recorre de nuevo sus vivencias. |
|
|
| |
|
Errar para encontrar |
|
Sentir, como mandato, el distanciamiento de lo impuesto como propio; elegir el alejamiento, el desarraigo; optar por enfrentar la mayoría; salirse del camino: esto es la errancia para Akira Mizubayashi, escritor japonés, quien decidió refugiarse en la lengua francesa como el clavo ardiendo hacia una desviación que no se le permitía en la tierra donde nació. En Breve elogio de la errancia (Gallo Nero), Mizubayashi alaba un estilo de vida que rompe con las normas políticas, culturales, históricas que han marcado el ser de los japoneses, sumisos a un estado divinizado, en el cual no cabe ni un atisbo de disidencia. |
|
|
| |
|
Peregrino transparente: una matrioska que narra historia e identidad |
|
Un pintor inglés recorre Nueva Granada buscando las huellas de un artista local. Y este es el marco para hablar de la construcción identitaria de un territorio desde las imágenes creadas por el extranjero y/o para el extranjero. Lo exótico, lo autóctono, el fin de las imágenes, el simbolismo. En Peregrino transparente (Periférica), Juan Cárdenas narra su país a través de otras miradas. Arma una historia a partir de otra historia, dentro de otra historia y otra. Dice y no juzga, al estilo de las crónicas científico-exploratorias que contaron las Américas. Y deja en la lectura un sutil rastro de ironía. |
|
|
| |
|
En una habitación ajena: cómo narrar el viaje, el arraigo, los vínculos |
|
El viajero —ese viajero que recorre largas distancias sin rumbo ni fecha de retorno— ha permitido a la literatura mostrar gráficamente estados anímicos y mentales. El viaje es físico, pero sirve de metáfora perfecta para narrar el escapismo social. Hablamos de un alejamiento a la vez físico y emocional, un movimiento constante que se transforma en búsqueda y autorreconocimiento del yo junto a los otros. En una habitación ajena (Damon Galgut, Libros del Asteroide) nos traslada todo esto de una manera sencilla, con un estilo narrativo en apariencia simple, casi austero, pero que carga con profundas reflexiones sobre las relaciones humanas, la soledad, el compromiso social, la autorrealización. |
|
|
| |
|
El placer de viajar y contarlo después |
|
En origen, somos nómadas, nos gusta el desplazamiento, la búsqueda, el descubrimiento. Caminamos para mejorar, para dejar atrás lo que fue. Así fue hasta que inventamos la agricultura, la estabilidad, el funcionariado. Nos establecimos, echamos raíces, empezamos a valorar la tradición, el terruño. Nació la nostalgia de la separación. Para nosotros, ser de era ya algo mejor que caminar hacia. Pero, en el interior, algo nos seguía impulsando al movimiento. Los curiosos querían conocer, los deportistas correr, los románticos llorar de belleza. Y, entonces, decidimos salir de nuestra vida solo para conocer, para correr, para llorar de belleza.
Habíamos inventado un concepto que parece relativamente moderno: viajar por placer, o mejor, hacer turismo. |
|
|
| |
|
Literatura rrom o la búsqueda de un destino |
|
En España conocemos al pueblo rrom como gitano porque durante mucho tiempo se creyó que procedían de Egipto (gitano es una derivación del griego antiguo egiptiano). Esta creencia se mantuvo porque el verdadero origen, la India, tenía en la Edad Media menor prestigio que los egipcios y, por lo tanto, los grupos de rroms (integrado por tres ramas: kalés, sintés o manouches, rromés) que, desde el siglo XI se desplazaron por todo el continente europeo, tenían una mejor entrada con esa “falsa identidad”. Sin embargo, esto no evitó que sufrieran la expulsión, la persecución y la marginación allá donde fueran. El pueblo rrom es nómada a la fuerza y, en su peregrinaje, recogió y difundió las culturas del camino. |
|
|
| |
|
Peuls y saharauis: literatura en camino |
|
La RAE define la palabra “nómada” como el individuo, tribu, pueblo carente de un lugar estable para vivir, que está en constante viaje o desplazamiento”. En Itinerancias nos preguntamos: ¿de qué manera nace el arte en medio de este eterno viaje?, ¿hay poetas en estos pueblos? Pensemos que el arte es la materia de la que está hecha la persona y que antes de convertirnos en sedentarios fuimos pueblos nómadas. Así que, sí, podemos encontrar muchas manifestaciones artísticas en la cultura del desplazamiento y la buena noticia es que esta movilidad dispersa la propia cultura allí por donde pasa. A través del nomadismo, las comunidades difunden sus literaturas, consiguiendo que estas se conviertan en un fenómeno itinerante. |
|
|
| |
|
Moebius |
|
Partió para buscar el movimiento perpetuo. Dos reglas: nunca retroceder, nunca repetir lugar. |
|
|
| |
|
Harina negra |
|
Cuando las cosas se ponen mal, lo mejor es cambiar piezas, pensaba.
Maquinaba todo el día, toda la noche. Solo salía a la calle para comprar pan. Loco como estaba, no quería nada más que la harina negra y si no había, viajaba y viajaba. Y al menos en ese momento, en su cabeza solo cabía el pan y el gusano del estómago. |
|
|
| |
|
Fin de viaje |
|
Sobre la baldosa reventada por los tiempos, paró su errancia. Había llegado. Y, en ese punto, su destino alcanzado, gritó las tripas envenenadas. Hirió sus manos al entregarlas al frío. Rio la última carcajada. Desnudó su cuerpo al hielo. Cayó en el piso sucio, roto. |
|
|
| |
|
Ser casa |
|
Era la casa que habitaba. Así, fue albañil, conde, poeta, puta, empresario de éxito, artista del reggaeton. |
|
|
| |
|