Los trabajos de Persiles y Sigismunda, de Miguel de Cervantes: Es un libro que me entusiasma. Es la última obra de Cervantes, realmente no puede concluirla, porque muere cuando está terminando de pulir el estilo. Es un libro maravilloso y en el fondo está contando una itinerancia, un peregrinaje muy particular, un desplazamiento ambulante.
Es uno de los grandes libros de viajes que yo he leído, lo que pasa es que es un libro de viajes también muy particular porque tiene mucho de novela bizantina. Lo que te cuenta no es exactamente un viaje porque hay mucho de imaginación, hay mucha clave simbólica, en fin, los lugares en los que van no se describen más que de forma un poquito esotérica.
Cuenta un viaje portentoso que, como los grandes viajes, transforman el interior de sus protagonistas. Hay una frase en este sentido que me gusta mucho: “Pensaban que mudando de lugar mudarían de aventuras”. Si el viaje no es transformador no es viaje, y al final te da exactamente igual irte a las quimbambas o irte a las antípodas si nada en tu interior ha cambiado.
En estos tiempos creo que hay que reivindicar esta idea del viaje interior, el viaje que te transforma. Y es muy importante, efectivamente, que no solo se mude de lugar, sino también que se trate de mudar de aventura porque carácter es destino.