Antón Castro: “Me interesan más los personajes dialogando con el paisaje”

El desplazamiento atraviesa la vida y la obra de Antón Castro, no como una brecha nostálgica sino como una manera de descubrimiento y de transformación personal. Desde su salida de Galicia hasta su arraigo definitivo en Aragón, el escritor ha construido una literatura marcada por los paisajes habitados, la memoria, los viajes interiores y la constatación de haber convertido cada lugar en un espacio propio. En Itinerancias hemos conversado con el autor de Cariñena (Pregunta), sobre su trayectoria vital y literaria: la huida juvenil, la llegada a Zaragoza, el descubrimiento del mundo rural aragonés y la huella que dejaron territorios como Cariñena, el Maestrazgo o la Costa da Morte en libros fundamentales como Cariñena, Los pasajeros del estío (Olifante), Golpes de mar (Destino) o El testamento de amor de Patricio Julve (Xordica).

Cariñena es el libro donde narras un punto de inflexión vital, marcado por una migración. Es una huida, del servicio militar obligatorio, de una familia que tiene otros planes, de una vida no deseada, pero es también una huida de lo que eras hasta ese momento. En esa huida, ¿es necesario el desplazamiento físico?

Yo creo que para huir, si no te mueves, es más complicado. Sobre todo porque, cuando estás en crisis, cuando no sabes qué hacer con tu vida, si permaneces en ese lugar parece que no tienes distancia para cambiar. Es difícil, porque cuentas con tus amigos de toda la vida y no van a entender que cambies del todo. Sin embargo, si huyes y te vas, parece que sí puedes cambiar un poco porque de entrada ya cambia el paisaje, conoces a otra gente y, aunque no quieras transformarte, te tienes que transformar.

Cuando llegué aquí, con 18 ó 19 años, no sabía nada. Me cambió todo el panorama. Me enfrenté al Ebro, que lo tenía al lado, y eso me cambió la vida. Por ejemplo, yo no soy religioso, pero me iba todas las tardes al Pilar porque me daba un momento de intimidad en el que solamente podía pensar en mí mismo. Me sentaba allí, daba una vuelta por el interior y luego me sentaba en el banco.

¿Por qué huyes en ese momento?

¿Por qué huí? No solo por la objeción de conciencia, aunque eso era muy importante. También había una idea, un proyecto, una chica con la que me había escrito. Ella también era una razón. Pero, sobre todo, me encontraba en una crisis profunda. Fue muy importante tener que ir al servicio militar, que yo detestaba y me daba pánico, y también esta persona.

Luego, estando aquí, cuando tenía la sensación de que todo me había salido mal, tres meses después me llegó una carta para ir a estudiar Letras a Santiago, que era mi sueño. No sé qué pasó; de repente decidí no hacerlo.

Hay un momento en que la vida decide por uno. A lo mejor tienes un hijo, aparece otro amor. Cuando me marchaba para siempre de Zaragoza, me vino a despedir una chica que no era mi novia, sino una amiga de la gente que estaba en el colectivo de objetores. Empezamos dándonos un beso en la mejilla; el beso se prolongó, se convirtió en un beso en los labios y luego en un beso apasionado. Cuando llegué a Galicia, dejé los dos baúles que llevaba en consigna y me volví al cabo de once o doce días para intentar iniciar una relación con esta chica, que ahora puedo decir que es mi mujer. Llevamos juntos más de cuarenta años y hemos tenido cinco hijos.

Hay muchos factores que determinan la huida o la permanencia.

Me he movido mucho por Aragón. He cambiado mucho de lugares y a todos los hice míos. Esto se puede ver en libros como Los pasajeros del estío, publicado aquí en el año 90. Estuve en Camarena de la Sierra, en Urrea de Gaén, un pueblo que está entre Albalate e Híjar, y también lo hice mío. No me sentía extraño en ningún sitio. Luego me fui a Iglesuela del Cid, donde estuve seis años, en el Maestrazgo. Fui absolutamente feliz. No me habría marchado, pero las cosas de los hijos hicieron que nos moviéramos.

Esa necesidad de huir y de conquistar un lugar, un refugio, un espacio de vida, yo la he tenido. Siempre he tenido esa facultad de, allá donde esté, sacarle partido a lo que hay.

De apropiarte del lugar.

Apropiarme del lugar, encontrar cosas en las gentes. Aunque yo lleve mi mundo, un mundo gallego muy poderoso y muy propio, rápidamente soy capaz de conectar lo que llevo conmigo con lo que me encuentro.

Hay mucha literatura que aborda el tema de sentirse extranjero o extraño en tierra ajena. No todo el mundo es capaz de hacer eso. En Cariñena enfrentas esa extrañeza desde el descubrimiento y la apropiación, antes que desde la nostalgia o la distancia.

Tengo cierta melancolía por no haber vivido en La Coruña o en Santiago de Compostela, ciudades que me gustan mucho, pero realmente Zaragoza es el lugar donde estoy muy bien. Creo que tengo facilidad para vivir en cualquier sitio y sacarle partido. Soy capaz de dialogar con las cosas. Me voy a Budapest, veo el Danubio y pienso que podría vivir allí perfectamente. Tengo la facultad de sentirme rápidamente parte del lugar en el que estoy.

Pero tienes puntos de anclaje, como el río.

También la literatura, el arte. Y también me gusta caminar, hacerme dueño de los sitios. Lo que me pasa en Galicia no me pasa en ningún otro lugar, porque Galicia es como una Arcadia. Y definir una Arcadia es complicado: es tu niñez, tus primeros amigos, las lluvias, los recuerdos, tus padres. Eso siempre está ahí de una manera especial. Pero luego tengo la facultad de ir a cualquier sitio y ser muy feliz.

En parte tiene que ver con el momento en el que sales y emprendes una nueva vida.

Sí, claro. Cuando estuve en Cariñena, disfruté mucho del paisaje y del viñedo. Me he pasado la vida volviendo al viñedo. Ese libro lo escribí en 2012, como un encargo del presidente de la D.O. Cariñena, José Luis Campos, pero el libro llevaba mucho tiempo dentro de mí, esperándome. Siempre he disfrutado muchísimo de ese mar de viñedos que describo allí.

Es el primer paisaje que te recibe en Aragón y se te queda grabado. ¿Lo que se narra en Cariñena es un momento de descubrimiento del paisaje pero también un descubrimiento personal y literario?

Totalmente. Era un náufrago en tierra. También fue importante que, siendo un chico de aldea, me encontrara allí con muchos elementos de ese mundo: un paisaje acogedor, unas formas de vida cercanas. Me resultó fácil integrarlo. Además, todos estábamos hambrientos de afecto, de querencia. No pasó nada con las chicas, ni siquiera hubo besos, pero sí se establecieron vínculos cercanos.

Aunque luego desaparecen de tu vida.

Nunca volvimos a saber nada de ellas. Ahora, con la película, me pregunto dónde estarán y si se habrán enterado de que aparecen en este libro. A una de las chicas le inventé una vida más compleja, con búsquedas y dolores detrás. Tampoco volvimos a saber nada del otro chico, el riojano.

Al único que vi muchas veces después fue a un señor al que incluso le dedico un poema. Tengo un libro que se llama como el subtítulo de la película, Vino del mar, escrito bajo el hechizo de Cariñena: la comarca, los personajes y el vino que viaja por el mundo. Uno de los primeros poemas está dedicado a este hombre, Navarro, un personaje borrachín.

Al principio se acordaba de mí, pero luego, consumido por el alcohol, ya no.

Es curioso que centraras la historia en Cariñena y no en la llegada a Zaragoza, que podría haber dado lugar a otro tipo de historia, a otra novela. Ese encuentro con el grupo de objetores, con una vida más alternativa.

Eso se cuenta un poco en la carta a Nacho. Pero me interesaba más la tranquilidad y la paz del paisaje del campo, y también su dureza. Yo podría haber contado cómo vivíamos en ese grupo, donde había vegetarianos, católicos, anarquistas, republicanos, trabajadores. Éramos gente muy diferente.

Yo quería ser escritor, pero también granjero. Con veinte años no sabía qué hacer con mi vida. Hubo un momento en que pensé volver a casa e intentar reconstruir mi vida. Pero me fascinó el viñedo y todo ese trabajo artesanal.

La mayoría de la gente no era del pueblo; eran personas que iban de un sitio a otro, buscavidas. El mallorquín que me protege ya había vivido mucho más que nosotros. Nosotros éramos unos pardillos. Y luego estaba Pepe Mairal y su mujer. Me parecía que ahí se podía crear un mundo de relaciones y ternura. Aunque había gente desagradable, en general todos protegían a ese personaje desamparado.

La novela habla de la educación sentimental, de los primeros amores soñados, de las relaciones humanas y del descubrimiento de España desde otro punto de vista.

Y todo eso se cuenta desde una aparente sencillez, la misma que encontramos en el mundo rural.

La historia del señor de las revistas es completamente cierta. Tenía todas las revistas Interviú apiladas y eso me llamó mucho la atención. Yo sabía lo que era Interviú, pero no la consumía. Y ese señor republicano me mostró también una manera distinta de mirar la política y las contradicciones de España.

Era una forma de mostrar la España del momento: detrás de una aparente frivolidad había un contenido con mayor profundidad.

Sí, aunque creo que lo que más le llamaba la atención era la chica desnuda. Después de la muerte de Franco, el destape llenó España de películas y revistas. Había una necesidad colectiva de ver aquello que había estado prohibido.

En Cariñena los personajes proceden de diferentes lugares de la geografía española, cada una con sus propios fantasmas.

Esto también se ve muy bien en mi primer libro en castellano, Los pasajeros del estío. Me fui a Camarena de la Sierra, un lugar muy pequeño junto al Javalambre. Como mi mujer era médica, la gente iba a verla y ella les decía que su marido era escritor y periodista. Entonces venían a contarme historias. Al principio no entendía nada. Se sentaban y me contaban su vida.

Mi segundo libro habla de eso: de personas que me cuentan historias y de cómo yo las coloco en el paisaje. A partir de una frase inventaba el resto. Creé un mundo muy vinculado a la tierra, al paisaje y a las vidas de la gente.

Nombras muchos desplazamientos y estancias en distintos lugares. ¿Te interesa leer sobre migraciones y desplazamientos?

Mucho. He sido muy lector de Bruce Chatwin, de Cela, de Julio Llamazares y de Miguel Torga. También leía mucho a los escritores gallegos: Álvaro Cunqueiro, Ramón Otero Pedrayo y Rafael Dieste. Leía a Borges y a Cortázar. Me fascinaban esos cuentos en los que un personaje atraviesa un pasadizo en Buenos Aires y aparece en París.

Mis libros son libros de viaje, pero no en el sentido clásico. Me interesan más los personajes dialogando con el paisaje. Coloco a una persona en un lugar y hago que dialogue con los nuevos espacios, los personajes y el mito.

Además de Cariñena, donde narras ese momento tan importante en tu vida, ¿qué otros libros te definen?

Hay dos libros que considero especialmente importantes. Uno es Golpes de mar, un viaje a la Costa da Morte que ha tenido varias ediciones, y el otro es El testamento de amor de Patricio Julve. Ambos se publicaron en Destino.

Uno de ellos es un viaje al Maestrazgo en el que recupero el procedimiento de escuchar a una mujer que venía todos los días a contarme historias. Se llamaba María Tena, era octogenaria y sabía muchísimas cosas.

El otro libro es un viaje a la Costa da Morte construido desde los personajes. Golpes de mar tiene una voz muy natural y muy elaborada al mismo tiempo. Siempre que volvía a Galicia iba a la Costa da Morte, a los faros, a Finisterre.

Antón Castro (Santa Mariña de Lañas, Arteixo, A Coruña, 1959) reside en Zaragoza desde 1978. Ha publicado una treintena de libros de narrativa y poesía, de periodismo, biografías y ensayos, entre los que se encuentran El testamento de amor de Patricio Julve, Cariñena, recuperada en Pregunta en 2018 con una nueva edición revisada y ampliada, Vivir del aireVino del marEl cazador de ángeles. Ha publicado libros de literatura infantil y juvenil, como El niño, el viento y el miedo (Nalvay, 2013) o La leyenda de la ciudad sumergida (Nalvay, 2014). En 2017 reeditó una nueva edición, ampliada, de su libro de relatos Golpes de mar (Ediciones del Viento), el libro de una vida. También publicó con el naturalista y fotógrafo Eduardo Viñuales el volumen Aragón. Excursiones a lugares mágicos (Sua). Pasaron por aquí (Pregunta, 2019) recopila su serie de artículos periodísticos sobre celebridades de las artes, las ciencias y el deporte que han visitado Aragón y Diálogos en cautividad (Pregunta, 2023) es una serie de entrevistas a personalidades del mundo de la cultura durante la pandemia de coronavirus. Periferias del deseo (Pregunta, 2025) es una colección de relatos sobre el deseo en todas sus acepciones, el erotismo, la memoria, el amor y la culpa.
Ha trabajado en prensa escrita (El Día de AragónEl Periódico de Aragón y coordina desde 2002 el suplemento «Artes & Letras» de Heraldo de Aragón) así como en radio y televisión. En 2013 recibió el Premio Nacional de Periodismo Cultural, en 2022 el Premio Pilar Narvión por su trayectoria periodística y en 2025 el Premio de las Letras Aragonesas.

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