Brunilda en La Plata (Apa-Apa Cómics) es una de esas experiencias en las que cada página abre una nueva puerta y cada puerta conduce a otra pregunta. Entre arquitecturas imposibles, sueños que se confunden con la vigilia y un constante juego de espejos entre ficción y realidad, Genís Rigol construye un cómic profundamente autorreferencial que reflexiona sobre el propio acto de crear. Pero, más allá de la experimentación formal, la obra acaba orbitando alrededor de una cuestión esencial: la identidad. ¿Qué ocurre cuando un artista deja de reconocerse en aquello que hace? Conversamos con Rigol sobre los laberintos de la creación, la memoria, las influencias que afloran de manera inconsciente y esa búsqueda incesante de uno mismo que atraviesa toda su obra.

Brunilda en La Plata tiene mucho de laberinto, en fondo y forma. ¿Cómo llegas a esta complejidad de planos textuales y visuales?
Tiene mucho de dramaturgia, ¿no? Poco a poco fui añadiendo intereses, influencias que iba conociendo a medida que leía. Una de las cosas chulas de hacer cómics es que la vida continúa mientras los haces y, mientras, vas recibiendo nuevas influencias, nuevas inquietudes, y a veces encuentras la manera de meter esas influencias nuevas dentro de la historia. Brunilda se prestaba mucho a esto, bueno, a la historia, se prestaba mucho a abrir una sala y a ver qué había en esa sala y desde esa sala abrir otra puerta de la sala y llegar a otro sitio, un poco con este juego. En este sentido ha sido un poco jugar a eso, como a abrir puertas y perderse.
Y a descubrir. Como dices, incluyes muchas referencias, al cómic clásico, al teatro del absurdo, hay muchas referencias ahí que hay que ir buscándolas, incluso da pie a leerte el cómic varias veces para ir descubriendo cada vez un detalle nuevo.
Sí, por ejemplo, al dibujar los fondos o arquitecturas, a partir de ahí se te ocurren, o a mí se me ocurrían acciones que podían suceder. Entonces eso era una de las cosas que a mí, como autor, más placer me daba. Como un poco escribir y dibujar de una forma a la vez.
Y luego todas estas referencias que dices, por ejemplo, las referencias al teatro del absurdo, que yo ahora las veo como que súper evidentes, pero mientras lo hacía, no era consciente de que lo fueran tanto. En cuanto a cómics y clásicos, sí porque hay como un tema de la formalización y una cosa más literal.
Yo aunque sí que había leído a Beckett y a Ionesco, a Pirandello, eran lecturas de hace años, no tenía la sensación de que eso fuera a estar. Es una cosa que da mucha alegría de ver, que la gente reconoce influencias que igual tú no tienes identificadas, pero que en cambio son autores que has leído y que te han gustado mucho.
Son esas lecturas, referentes que tienes integrados y que afloran en el momento de la creación. En Brunilda hay mucho de eso, de proceso de creación y de plantearse y cuestionarse continuamente lo que es el arte y hasta dónde puede llegar el autor.
Sí, es un misterio. Que el cerebro humano tiene algunas formas sorprendentes, ¿no?
Brunilda habla mucho de búsqueda, sobre todo búsqueda de identidad.
Sí, este tema aparece a través del personaje del escritor. Él necesita reconocerse como escritor. Continuamente se plantea si puede asumir que no se le da bien crear, porque entonces tendría que redefinir su identidad, ¿no? Hay esta especie de búsqueda desesperada por hacer una buena obra, como para ahorrarse este vacío. ¿Qué soy yo si no soy esto? Si no soy la persona que escribe, ¿qué es lo que soy?
Y hasta qué punto también es legítimo escribir por esa razón, ¿no? O sea, ¿hasta qué punto estás haciendo participar a los demás de tus propios problemas? Y ¿hasta qué punto podemos aceptar otra definición de nosotros mismos, una definición quizás menos pretenciosa o más simple, o más complicada.
Pero hay mucho de eso en el pánico del personaje a no hacerlo bien. Hay mucho de eso de si no soy esto, entonces no sé lo que soy y tengo que replantearme lo que soy.
Es curioso que lo veas así porque a veces había gente que cuando yo me refería a esto de la identidad no lo entendían tanto. O sea, no veían tanto la conexión entre el acto creativo y la identidad.
Sí, aparece ahí el vértigo del artista, el creer en lo que está haciendo, de legitimar su trabajo. Hay mucho planteamiento no tanto en torno al arte sino al propio oficio de la creación.
Sí, sí, hay mucho de eso. Al principio, no había personaje del dramaturgo. Llegó después del planteamiento de que había un personaje que tenía que ocultar la escena. Para mí era como un chiste que fuera incapaz de terminar la obra, casi como que escribe y automáticamente es incapaz de terminarlo. Está bloqueado en ese punto. Porque eso a mí me pasa muchísimo. Sí, me resuena mucho dentro. Y lo que empezó como un chiste, una primera aproximación en tono humor, luego fue tomando otros caminos.
Hay mucha búsqueda de la infancia, de lo que fuimos, de lo que somos, con esos símbolos recurrentes que salpican el relato, como La Plata y sus boquerones.
Sí, hay una especie ya como de situación senil, ¿no? Un poco de una escritura que recurre a las mismas neurosis, como automatismos. Y me hacía gracia que hubiera todas estas referencias a Barcelona, a los locales de Barcelona, que desafortunadamente ahí cada vez hay menos. También a la pasión por la comida, por la comida simple, popular, sofisticada, pero que a la vez es un lujo. Poder comer un plato sencillo, bien hecho, no sé.
A mí me gusta mucho la gastronomía, entonces tenía claro que quería que tuviera su papel. Además, está inspirado en un sueño que tuve aprendiendo recetas de mi familia, de mi abuela. Se trataba de ser fiel a ese momento, a ese primer momento en el que nació la idea.

¿Cuánto hay de autorreferencial dentro de la historia?
La autorreferencialidad tiene esta cosa como fractal, ¿no? Que una vez abres, una vez empiezas, puedes seguir ad infinitum. Entonces, constantemente hay, por ejemplo, los ejercicios que hace el dramaturgo para mejorar su escritura y para llegar a escribir una buena pieza de teatro. Son ejercicios que en realidad son ejercicios de dibujo que hacía yo cuando estaba empezando a trabajar en el libro y los años antes cuando estaba intentando aprender a dibujar. Te interesas, por conseguir un estilo y todas estas cosas.
Todo el rato hay referencias a mi vida. Las escenas del pasado, que aparecen en blanco y negro, de las memorias del dramaturgo, son inspiradas, algunas literalmente, de cosas que me pasaban a mí en lo que yo identifico como la época en la que descubrí mi pasión por el arte en general. Hay referencias a profesores que he tenido.
Es un poco lo que te decía antes de que tu vida continúa y tú vas nutriendo el cómic de aquello que te va pasando o que vas aprendiendo. Quería encontrar en el libro un lugar para mensajes que te han dicho profesores, situaciones que has vivido que te han resultado trascendentes. Esto es muy gratificante.
Creo que habría sido incapaz de escribir el libro de una forma lineal.
Genís Rigol es animador y dibujante de cómics. Su proceso de animación combina habilidades técnicas y experimentación, para crear historias impresionantes, como el cortometraje Knockstrike, codirigido con Pau Anglada y Marc Torices, que ha sido seleccionado en 30 festivales, entre ellos Sundance y Clermont-Ferrand. Ha trabajado también en numerosas producciones para publicidad y series de televisión como Rick y Morty. Actualmente, ganador del premio del jurado como Mejor Cortometrage Nacional en el Weird Market 2022 con su cortometraje Él corrió junto a su camarada. Brunilda en La Plata es su primer cómic.