Ha alcanzado el fin del estado larvario. Posee ahora un cuerpo suave, aterciopelado, con un tono turquesa.
Se observa en el espejo y sonríe. Bate las alitas, se estira, gira. Soy hermosa, piensa.
Continúa la observación: del conjunto al detalle; del cuerpo ovalado, perfecto, a las antenas rubias, sensuales. Seductora, afirma, muy seductora.
Se asoma a sus ojos, escucha sonidos lejanos, aspira los olores de la mañana. Descubre una sensibilidad excesiva, hiriente.
Algo del mundo le molesta. Algo, en este nuevo estado, sobrepasa ese mundo.
Duda, entonces. Duda de su hermosura, de su sensualidad, de sus sentidos exaltados. Duda.
Duda y extraña el estado larvario, su esencia, su origen, su hogar.