Marcos y Fernández: “En España podemos hablar de territorios de sacrificio”

Practicando un periodismo lento, pausado y de respeto, Mª Ángeles Fernández y Jairo Marcos han buceado en las historias sumergidas de las personas afectadas por la construcción de los embalses. Abordan, desde la investigación rigurosa que aporta la combinación de búsqueda documental y conversación testimonial, un mosaico de temas que, más allá de quedar en el pasado, nos traen los debates más actuales en torno al sacrificio de determinados territorios, “siempre los mismos”, de nuestra geografía. Memorias ahogadas (Pepitas) es un catálogo que conserva la memoria para situarnos en el presente y que, en cada página, nos interpela a través de unas voces que ahora sí, permanecen vivas.

Lo que diferencia Memorias ahogadas de otros textos que abordan el tema de los pueblos sumergidos es el completo abordaje de la materia, desde la particular selección de casos desde el tipo de afección a la multiplicidad de puntos de vista. ¿Por qué decidís plantear una obra global?

J.M. Antes de plantearnos este libro, nosotros llevábamos ya bastantes años trabajando el tema del agua. Esta temática es transversal en nuestro trabajo, en nuestra forma de mirar. Habíamos estado estudiando el impacto de las grandes represas en América Latina y, cuando regresamos, empezamos a preguntarnos qué pasaba en España.

Llegamos a la conclusión que habían pasado cosas que no se estaban contando, o digamos que se estaban contando de manera siempre muy local, por ejemplo, se sabe mucho de Riaño en la zona de Riaño o de Valdecañas en la de Valdecañas, pero faltaba ese hilo conductor que uniera, que construyera España como Estado hidráulico. Un poco el objetivo principal de Memorias ahogadas, creemos que el gran acierto, es que aglutina todo ese gran relato que hay detrás.

M.A.F. Sí, porque hay lógicas que se repiten. Las historias, con sus matices territoriales, y de época, y de circunstancias, son paralelas, pero estaba claro que había un vínculo, y que no fue casual lo que pasó, sino que era algo construido e ideado. La idea era unir esas historias, darles una globalidad, un encaje, y situarlas como un paradigma compartido.

El libro se construye sobre tres grandes pilares: la selección de casos con sus implicaciones particulares, el aporte testimonial puro y un compilado descriptivo y narrativo final que reagrupa el texto y contribuye a ese armado final. ¿Por qué decidís estructurarlo de esta manera?

J.M. Cuando nos ponemos a investigar a fondo, descubrimos que ni siquiera hay un listado de grandes embalses en relación con la función que tienen. Eso que parecería muy básico no existía. Previo al libro hicimos una investigación más cuantitativa y publicamos un informe reportajeado que hablaba de concesiones hidroeléctricas. Fue la base de este libro.

Una vez que descubrimos que en España podíamos contar alrededor de 1.250 grandes embalses, cifra que la sitúa como el país de Europa con mayor número de grandes embalses y el quinto del mundo, dijimos queremos construir ese relato, queremos hacer ese hilo conductor que trace las diferentes historias, pero no podemos contarlo todo. Sería absurdo narrar los 1.250 grandes embalses. Entonces, en ese primer bloque elegimos una serie de historias representativas de tal forma que, mediante esas historias, se conociera la historia de todo el país. Empezamos por quién idea el muro, el segundo capítulo, quién lo construye, etc.

El segundo bloque es el testimonial. Entendemos que el libro, aunque lo firmamos Mª Ángeles y yo, es un libro colectivo. Nosotros no damos voz a quienes no tienen voz, sino simplemente miramos donde tal vez nadie antes había mirado o se había mirado de forma muy local. Esas personas estaban ahí, sus voces estaban ahí, pero habían sido acalladas, silenciadas durante muchos años.

Entendíamos que tenía que haber un bloque importante, potente, en el que estas personas protagonistas hablaran directamente. Entonces, esos tres capítulos están narrados de una manera en la que la primera persona desaparece completamente.

Después hay un tercer bloque de cuestiones que creemos transversales en todo el libro. Aparece la cuestión del medio ambiente, la cuestión de los ríos, de los paisajes, está la cuestión del último capítulo de la memoria a través de las tragedias y luego un capítulo, el penúltimo, que nos pareció brutal, es el que se ambienta en Guadalajara. Una historia que dentro del libro es la más novedosa porque no se había contado, ni siquiera se conoce en la provincia de Guadalajara.

M.A.F. Sí, yo quería apuntar que al final, por ejemplo, el tema de los ríos aparece como algo fundamental. Nos dimos cuenta que no podíamos seguir hablando del tema sin hablar de ríos y de paisajes.

Creo recordar que en nuestro esquema inicial no estaban, pero nos dimos cuenta de que los ríos son fundamentales en los ecosistemas y que en este caso son los que se han usado para generar estas infraestructuras. Pero también es un libro de paisajes. No hay un capítulo como tal, pero al final es algo que te modela la identidad, te modela el arraigo del territorio y aparece como nexo en esa parte final del libro.

Es un libro que abre muchos grandes temas, nos solo el del desplazamiento forzado de personas y el de las expropiaciones. Ahí está también el de las heridas que sufre el paisaje e incluso el patrimonio histórico-artístico. Y lo que sorprende es que son, como decíais al principio, historias cubiertas por el silencio, y no solo a nivel institucional.

M.A.F. Sí, eso es. Queríamos hablar de la desaparición de culturas, de formas de hablar, de comidas, de cómo se parte una familia, de cómo cuando se rompe o se inunda un pueblo, se inunda también una cultura, una forma de ser. Hay una desarticulación brutal y también tiene que ver en muchos casos con esto que podemos llamar España vacía.

Porque los pueblos no solo se vacían, sino que hay una ruptura en el paisaje y en la cultura. Pueblos que estaban antes unidos quedan desunidos, conexiones que había desaparecen, hay pueblos que no se han inundado, pero sus zonas de cultivo eran las de arriba del río, lógicamente, las han perdido, y luego también todo ese patrimonio histórico, cultural, arqueológico que hay debajo. Hay un gran desconocimiento de lo que hay debajo del agua.

Queríamos que quedara claro. Porque la gente va por una carretera y de repente ve un gran embalse, un pantano, como quieras llamarlo, que ha creado un nuevo paisaje, ha generado una nueva imagen, que puede ser bonita, no digo que no, pero que tiene un trasfondo sobre el que no nos paramos a reflexionar.

J. M. Sobre todo yo también creo que el libro desmonta varios clichés, uno de ellos el de que los grandes embalses solamente son una cuestión del pasado, por lo general vinculada a Franco. Es cierto, si se habla de grandes embalses hay que hablar del dictador, porque de esos 1.250 grandes embalses él inauguró en torno a la mitad. Pero cuestiones como la del patrimonio están muy vigentes, qué se hace con ese patrimonio que hay bajo las aguas es un debate que está abierto.

Hace escasos días se celebró el 60 aniversario del mayor accidente laboral de la historia de España, que tiene que ver con un embalse, el de Torrejón, en Cáceres. El lugar de la memoria de ese embalse todavía no está resuelto, porque lo han puesto en un monolito, en terreno privado y todavía no hay señalización. Siguen vigentes conceptos como el del turismo de masas y lo que tiene que ver con el embalse y con el turismo de secano, o el extractivismo.

Tratamos de traer el libro a la actualidad, no que sea algo anquilosado en el pasado, como también sucede con los pueblos de colonización. Están ahí, tienen su identidad, hay que modificar las estructuras, cómo se modernizan, cómo no, son temas que creemos que son muy actuales.

Es un ejercicio de memoria, que hay que rescatar y que hay que reflejar. ¿Cómo conseguís todos estos testimonios? ¿Hubo una urgencia por recuperar estas historias para que no se pierdan?

M.A.F. En cierto modo, sí, porque de hecho, una de las penas que nos han traído el libro es que, como el proceso de investigación y de escritura ha sido tan largo, algunas de las personas protagonistas han fallecido en estos años y no han podido ver el libro publicado. No hemos podido devolverles su tiempo, su cariño, su respeto hacia nuestro trabajo.

Es verdad que hay una urgencia porque las personas que más lo vivieron en primera persona están falleciendo por una cuestión de edad. Y luego, como te decía Jairo, nosotros el tema del agua lo llevamos trabajando hace mucho tiempo. No aterrizamos de la nada, teníamos un bagaje de conocer puentes, conocer historias, haber leído mucho, haber documentado algunas historias, ya partíamos de un conocimiento.

Eso nos facilitó el trabajo y luego sí que es verdad que muchas veces una fuente te lleva a otra, una persona te lleva a la otra. También hay historias locales contadas, y podíamos tirar de esas historias para ampliarlas. Había diferentes formas de llegar viendo lo que se ha publicado y el conocimiento previo que teníamos. Esto también te abre muchas puertas, genera una confianza.

Ha habido un trabajo de continuidad, de contacto con esas fuentes, de compartir espacios. Ha habido un trabajo muy cuidado en esa parte de acompañamiento, de conocimiento, de búsqueda, de cariño y que sigue en la actualidad. La verdad es que hemos tratado de cuidarlo porque el periodismo lento que practica el libro tiene que ser cuidadoso y tratar a las fuentes con todo el respeto que nos han traído a nosotros.

J.M. Yo ahí también te diría que el gran salto que supone el libro con respecto a lo que habíamos hecho anteriormente es en cuanto a estilo. Conlleva un esfuerzo el pasar de un estilo puramente periodístico a una literatura de no ficción, en la que los datos no son lo importante, lo importante son las vidas, recrear la vida de todas esas personas.

Trabajamos la memoria no como una vuelta al pasado, nostálgica, sino la memoria entendida como de forma subversiva, memorias en plural que de alguna forma cuestionan esa historia que arrastran los grandes embalses, que es la historia oficial de los grandes embalses.

Lo cierto es que los embalses arrastran una historia oficial de crecimiento, desarrollo, beneficios. Sí, claro que habrá traído todo eso, faltaría decir para quién o para quiénes, para qué territorios, pero nosotros en el libro nos hemos centrado de muros para dentro en qué es un gran embalse y a quién ha afectado ese gran embalse. Creo que es muy diferente el responder a la pregunta de qué es un gran embalse desde fuera o desde dentro.

Estas historias nos llevan inevitablemente a hablar de todas las heridas que ha sufrido el medio rural en la historia reciente. Es sorprendente que 1.250 embalses, con todo el territorio que eso supone, no haya generado más que silencio.

J.M. La Historia se va repitiendo en ciclos. En un mapa de la geografía española, podemos hablar de territorios de sacrificio, que curiosamente son los mismos territorios a los que les van a tocar o les están tocando las placas solares, los molinos eólicos. Sí que está distribuido más o menos de forma heterogénea por toda España, pero en unas zonas muy determinadas y a unas personas muy determinadas, casualmente siempre las mismas. Eso es importante recordarlo.

Cuando se hacen estudios de la realidad social, habitualmente se deja al margen territorio rural porque no hay personas a quienes preguntar. Entonces, no se cuenta su realidad.

M.A.F. Una cosa que a mí me parece extremadamente interesante es que en estos procesos, cuando se usa el territorio para fines energéticos o incluso de regadío, para intereses privados, la gente pierde capacidad de decisión, sobre lo suyo o sobre su entorno. Por ejemplo, separas a la gente del río. Ese agua que se queda ahí, ya no está para disfrute de manera generalizada de la gente del entorno.

Es decir, privatizas ese territorio y la gente no tiene capacidad de decisión democrática, participativa sobre cómo interactuar con su territorio porque un gran terreno, un gran territorio lleno de agua, tiene unos fines prioritarios durante muchos años. Entonces, a la gente, aunque pueda seguir viviendo ahí, la separas de eso, la separas de esa relación con el terreno. Hay como una pérdida democrática o de participación.

J. M. Y luego, además, decíamos que el territorio es un territorio vaciado. Al final, los números no son lo importante, pero si habláramos de ellos, podríamos estimar unas 50.000 personas desplazadas de forma directa por la construcción de los embalses y de forma indirecta ese número se multiplica por tres, unas 150.000, en estimaciones a la baja. Sabes que a tu pueblo lo van a inundar entonces dejas de imaginar tu vida ahí.

Incluso, cuantitativamente, estamos hablando de una ciudad entera de tamaño pequeño, por ejemplo Burgos entero prácticamente bajo el agua. Incluso en esos términos, las cifras son las que son.

Preguntáis en el final del libro “a estas alturas, qué es un embalse”. Después de todo lo que hemos estado leyendo lo que cuenta es el ángulo humano, el de las personas. Y esto lo vinculáis con la manipulación del lenguaje y de las palabras que se utilizan a la hora de contar estas historias. Se prefirió pantano por embalse o presa y en los años más recientes se habla de términos “más actuales” como recrecimientos, planificación, trasvase, que también suponen herida para el territorio. ¿Cómo habéis abordado ese tema de la manipulación del lenguaje?

J.M. Eso se ve muy bien comparando las literaturas de Julio Llamazares y de Juan Benet. Juan Benet escribe desde fuera, como ese gran ingeniero que idea un embalse y piensa que puede manejar y dominar la Naturaleza a su antojo. Y luego está Julio Llamazares, que cuenta cómo sufre la construcción del gran embalse de Benet.

Todo esto lo que cuenta es que hay una realidad, pero dependiendo de la mochila que tú tengas, dependiendo de donde apuntes la pregunta de qué es un gran embalse la respuesta es una o es otra. Es decir, no es lo mismo responder a qué es un gran embalse desde adentro, cuando lo has sufrido, que desde fuera, cuando te llevas los beneficios.

El relato hegemónico de los grandes embalses está dominado por empresas o los medios de comunicación que están en las ciudades. Una ciudad como Madrid no tiene un embalse encima. Entonces claro, si los medios de comunicación están en grandes ciudades al final la mirada es muy capitalocéntrica.

M.A.F. El concepto de pantano es el que está más extendido. Nosotros inicialmente usábamos indistintamente embalse, presa, pantano. Pero en un pueblo de colonización, en su centro de interpretación, hablando con la persona que lo llevaba dijimos la palabra pantano y ella nos explicó que un pantano es algo natural. El concepto de pantano fue manipulado por el franquismo para dar impresión de que eso que se estaba haciendo era algo natural. Hay que llamarlo embalse porque los pantanos son un fenómeno natural.

El uso de determinadas palabras pueden maquillar algunas realidades. Hace unos pocos años hubo mucha publicidad sobre la zona de Riaño, que se vendía como “los fiordos leoneses” para atraer turismo. En una presentación un hombre de esta zona habló muy enfadado de que se hablara de fiordos,  cuando estos son un accidente geográfico natural y esto lo ha creado la mano humana. La gente que lo vive o que lo sufre o que lo ha tenido cerca, entiende muy bien la manipulación de los términos que se hacen.

J.M. Memorias ahogadas no es un libro contra grandes embalses, es un libro en el que decimos que para hablar de desarrollo hay que preguntar desarrollo de quién, para quién y a costa de quienes. Ahí es donde creo que la narrativa empieza a cambiar.

M.ª Ángeles Fernández (1983) es periodista extremeña freelance y coordinadora de la revista Pikara Magazine, en la que trabaja desde 2016. Lleva veinte años escribiendo en diversos medios de comunicación, tanto generalistas como especializados. Sus líneas de trabajo principales, además del agua, son los extractivismos y la defensa del territorio.

Jairo Marcos (Burgos, 1983). Sus campos de trabajo son la precariedad, la filosofía y el periodismo. «Hacedor de preguntas» freelance en el ámbito de esos tres horizontes vitales, colabora con diferentes medios y organizaciones, tanto españoles como extranjeros, periodísticos y académicos. Sus historias se han publicado en más de una veintena de países. Es autor y coautor de varios libros.

Puedes encontrar los textos de los autores de Memorias ahogadas en www.desplazados.org.

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